En abril de 2021, trece meses después del estallido de la covid en España, el Ayuntamiento de Valladolid adoptó un decreto que permitía a las zonas de acogida de la ciudad ocupar tres plazas de aparcamiento en los aparcamientos, si las tuviesen, cerca de la fachada de sus edificios. 144 organizaciones aprovecharon esa medida y, previa solicitud, disfrutaron de los espacios (en algunos casos más grandes de lo permitido antes de la epidemia y en otros, por primera vez) con mesas al aire libre. La medida estuvo vigente hasta 2024. En enero de ese año se retiraron permisos y juntas. Aunque unos meses después, en agosto, y tras el estudio, el Departamento de Tráfico y Movilidad anunció que nueve de estos edificios (en realidad más de cincuenta que no tenían vallado antes del Covid) pueden volver a poner estas zonas «para llevar a cabo actuaciones relacionadas con cambios de zonas de aparcamiento y aceras».
Han pasado veinte meses desde el anuncio y de los nueve centros (finalmente fueron varios más), cuatro han podido o podrán tener una valla cerca de sus instalaciones. Se añaden más que no están incluidos en esa lista original.
En la mayoría de los casos, por la ampliación de las aceras, aunque también hay casos por la eliminación de algunas plazas de aparcamiento cercanas a sus fachadas.
La Espuma y la Sepia, de Felipe II, también cuenta con vallado debido al ensanchamiento de la acera. – Foto: Jonathan TajesEs el caso de Tatay, en la calle Real de Burgos, 20, por la eliminación de las dos plazas de aparcamiento que había delante. En ese momento, el Ayuntamiento explicó que en esta zona y en otras cuatro zonas se podrá obtener el certificado de terraza «cambiando las vías con la mínima intervención». Chema Broco era entonces uno de los propietarios (el solar fue cedido el pasado mes de diciembre): «Cuando supimos la noticia, preguntamos al Ayuntamiento, quitaron dos plazas de aparcamiento delante del solar y ampliaron el paseo peatonal. Pudimos ampliarlo con Kapital. “Pasaron de tener dos mesas de velas en la cara a 4-6 mesas, que es lo que ya tenían del 2021 al 2024.
De los otros cuatro, dos más tienen o tendrán vallas. Uno es el Bar Titanic, en la calle Arca Real, frente al colegio Allué Morer. En su caso, el cambio consistió en convertir las plazas de aparcamiento en aparcamientos en línea, ampliando la acera en 50 centímetros hasta alcanzar el ancho mínimo de acceso (1,80 metros). La otra está en La Rondilla, concretamente en la calle Cardenal Cisneros, 7. Es Bar Miño y aún está pendiente del permiso: «No la pusimos porque al principio no vimos el ancho de la acera. Ahora, cuando la ensanchamos, pedimos poner más porque tenemos tres en la esquina más cercana». Desde Miño se quejan de la falta de información: «Cuando nos ordenaron sacarlos nos mandaron una carta para ello y que ahora estudiarán cada caso. Obtenemos todo de los medios. «Llamé al Ayuntamiento hace unos meses y me dijeron que pidiera una prórroga y estamos esperando respuesta».
De los otros dos con baja penetración, el arroyo de la calle Padilla está cerrado y La Habanita no tiene cerco.
Terraza del Titanic en Las Delicias, tras el cambio de aparcamiento online. – Foto: Jonathan Tajes«En esta epidemia nos tocó vivir en suelo público. Pero luego, el Ayuntamiento nos dijo que tenemos un lugar en la zona del parque infantil; pero esto es privado y los vecinos no dieron su consentimiento», explicó el propietario de la Churrería Madreka, en la calle Velázquez, que necesitó llegar a un acuerdo secreto con la comunidad vecina para volver a tener un vallado.
Entre otros lugares, ninguno volvió a utilizar la opción de tener mesas al aire libre debido a la distancia entre sus edificios y las opciones que les dio el Ayuntamiento.
Así, en el Bar Ávila, en la calle Águilas, Pajarillos, se propuso limpiar unos contenedores en el cruce con la calle Pelícano e instalar su valla en esa ‘oreja’. El propio estudio para la ordenación de las zonas de acogida en Valladolid para 2024 ya ha advertido que el espacio será de 24 metros. «Tenemos muchos. Más de 30 metros, quizá 40, por lo que nos quedamos sin valla. Queríamos encontrar plazas de aparcamiento delante de los bares, donde nos dejaron durante la epidemia», señalan desde el edificio.
Lo mismo ocurrió con el bar Cokran, ubicado en la calle 2 Norte, donde estaba previsto ubicarlo en la esquina con Gabilondo, que queda a unos 22 metros. «El año pasado lo pedimos frente al bar, enfrente, porque tenemos almacén; y nos rechazaron. Ahora el local nos parecía pesado y no lo pedimos”, afirma su propietaria, María José.
Mientras que Artemisa, Caño Argales, no lo solicitó por “falta de información” y porque ambas opciones tenían problemas: más allá, cruzar la calle.
En Tigo y Migo, Conde de Ribadeo, se sintieron defraudados. Dijeron que lo encontraron en la calle León, que está a más de 20 metros, pero claro: «Me dijeron que me iban a dar una mesa y que en el bar de Pedro, que es el mío, nos quitarían las mesas (…) Fue en la cara de los medios, no estaban mirando nada y estaba tirando pelotas. «Vino muchas veces la policía». De hecho, ya había solicitado que se agregara a Pedro y se lo negaron porque la calle León es peatonal.
Si bien está muy cerca, en la calle Felipe II, tomó el control La Espuma y la Sepia, aunque no fue incluida en el estudio: «Se puede considerar como pasos futuros a circular, ampliando la vía reduciendo las plazas de aparcamiento». Y así fue. «Al hacer otro camino pusimos 8 mesas. Yo lo había pedido antes que nadie y me dijeron que lo estudiarían», recuerda Venancio Peña, quien «agradece esto al Ayuntamiento».

